Yo, búho.
En el clímax de mi inconsciencia,
Llegando a pensar en huir,
Sintiendo el corazón a mil y con barriles de alcohol que saben a mentira,
Está el mundo, y con él la paciencia y el fulgor de la vida,
Esperando impaciente, contemplando mi esquina.
Más tarde, mas no se cuanto, más tarde
Llegó la pasión, la desilusión, la inocencia abierta y
El mirar de un búho a plena luz del día,
Como si fuera yo misma en un estado paranoico de engaño mutuo,
Desencajando mi propia vida solo para ver la luz del sol.
Miro, casi ciega, como algo tan brillante puede apagar mis perlas,
Volverme débil, y comparo.
Pobre inteligencia que no se guía de recuerdos pasados,
Que elige piedras y las toma como amigas,
Que no siente que el corazón también ha cegado por cosas
Más hermosas y menos debidas.
Dulce Pompeya, envíame tu volcán,
Quiero un desastre natural en mi reminiscencia, de esa,
Tú forma colosal.
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