Pasatiempos del alma innecesarios
"Cada persona es un mundo" como dice Pirandello, y en el mundo hay guerras, desgraciadamente. ¿Las qué más abaten? Las Mundiales. Pero, más tarde, te das cuenta de que sin ellas no hubiésemos salido de la crisis o no se hubiesen tomado decisiones estrictas que ayudaron. Igual es la vida, cuando hay guerras puedes soportarlas, pero cuando una guerra mundial abate todo de ti, todo tu mundo, solo ves un océano de oscuridades. Luego, al darte cuenta de que la crisis de emociones, de vivencias, de amor... se ha ido, y todo aquello que causaba pequeñas guerras ha desaparecido dejando a su paso recuerdos que las armas destruyen, sonríes.
En la vida, las guerras mundiales son buenas, te hacen pensar extremadamente y te llevan a darte cuenta de la propia verdad, a eliminar armas muertas que pesaban y hacían sangre.
Y al aclarar el alba, ves un mundo vacío que se puede llenar de cosas maravillosas y no negras como ocurría y, que las personas que te apoyaron a seguir adelante siguen en tu frente, defendiéndote del más mínimo cobarde insolente que se digne a atacarte. Al fin y al cabo, que más da.
Ojala fuese más fácil. Tener desde el principio gente que valga la pena. Pero a veces hace falta perder el tiempo con otras, mientras el verdadero amigo está llegando a buscarte.
Toda guerra empieza por un juego. Un juego que se hace doloroso e innecesario. Yo, hoy, he aprendido a no jugar, porque es el principio y, solo debe jugar quien encuentre un contrincante limpio y sincero para poder convertir ese juego en una vida, una historia.
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